Cada 17 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Seguridad del Paciente, una iniciativa impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 2019 con el propósito de generar conciencia acerca de los riesgos asociados a la atención sanitaria y promover acciones destinadas a prevenir daños que pueden ser evitados.
En este marco, la Dra. Silvia Attorri, docente de la Facultad de Ciencias Médicas UNCUYO, profesora titular de Infectología con experticia en seguridad hospitalaria, fue entrevistada por Dale!, programa periodístico de la primera mañana de Radio Universidad, donde abordó los principales desafíos vinculados con la seguridad de las personas durante los procesos de atención.
Una mirada integral sobre la seguridad del paciente
La especialista explicó que la seguridad del paciente debe entenderse como un concepto transversal a todo el proceso sanitario y que no se limita a una instancia específica de la atención. Abarca desde el diagnóstico y el tratamiento hasta la prevención, la rehabilitación y los cuidados paliativos.
En particular, el eje propuesto para este año pone el foco en la atención segura de las enfermedades no transmisibles, especialmente aquellas enfermedades crónicas —como las cardiovasculares, la diabetes, las enfermedades respiratorias y el cáncer— que requieren cuidados prolongados y pueden colocar a las personas en situaciones de especial vulnerabilidad.
En estos casos, la continuidad de los cuidados y la interacción sostenida entre las personas y los distintos actores del sistema de salud hacen que la seguridad adquiera una dimensión particularmente relevante.
La seguridad también depende del sistema
Durante la entrevista, Attorri destacó que garantizar una atención segura no constituye una responsabilidad exclusiva de quienes integran los equipos de salud. La formación y el desempeño profesional son fundamentales, pero existen múltiples factores que intervienen en la calidad y seguridad de la atención.
Las condiciones edilicias, el mantenimiento de las instituciones, la accesibilidad, la disponibilidad y calidad del equipamiento y la seguridad de los dispositivos médicos forman parte también de este entramado. Por ello, avanzar hacia sistemas de atención más seguros requiere planificación, organización e inversión institucional, además del compromiso cotidiano de los profesionales.
Esta perspectiva permite comprender la seguridad del paciente como una construcción colectiva, en la que las condiciones en las que se desarrolla la atención son tan relevantes como las prácticas de quienes participan directamente en ella.
Pacientes y familias, parte del equipo de salud
Otro de los aspectos destacados por la especialista fue la necesidad de fortalecer la participación activa de pacientes y familias en los procesos de atención.
Desde esta perspectiva, las personas no deben ser consideradas únicamente receptoras de indicaciones, sino actores capaces de aportar información fundamental sobre sus necesidades, experiencias y dificultades cotidianas. Incorporar esa mirada requiere garantizar el acceso a información clara y adecuada, favorecer la comunicación y trabajar para reducir situaciones de discriminación y estigmatización que pueden afectar especialmente a quienes viven con determinadas enfermedades crónicas.
Este cambio implica avanzar hacia una relación entre pacientes, familias y equipos de salud basada en la escucha, el diálogo y las decisiones compartidas, reconociendo la experiencia de cada persona como un componente valioso para construir cuidados más seguros.
Formar profesionales para una atención centrada en las personas
La construcción de una cultura de seguridad también interpela a las instituciones universitarias responsables de la formación de los futuros profesionales de la salud.
En este sentido, la FCM UNCUYO trabaja en la incorporación progresiva de pacientes y familias en las decisiones relacionadas con su atención, promoviendo una mirada integral de las personas y de los procesos de cuidado.
Se trata de un enfoque que requiere continuar profundizándose en los espacios de formación, para que quienes se incorporen al sistema sanitario comprendan que brindar una atención segura supone no solo aplicar conocimientos y procedimientos adecuados, sino también reconocer el contexto, las necesidades y la voz de las personas atendidas.
La conmemoración del Día Mundial de la Seguridad del Paciente constituye así una oportunidad para renovar una perspectiva fundamental: la seguridad no es responsabilidad exclusiva del profesional sanitario. Es un compromiso que involucra al sistema de salud en su conjunto, a las instituciones, a los equipos profesionales, a pacientes y familias y a la comunidad.
Promover una atención cada vez más segura implica, en definitiva, construir colectivamente condiciones que permitan cuidar mejor y prevenir aquellos daños que pueden evitarse.